Breve balance de la situación de la salud de los peruanos: en el Día de la Medicina Peruana

10 Octubre 2019
Fotografía de Josué Arispe

Autor: Mario Tavera, Médico Pediatra

 

El año 1885, Daniel Alcides Carrión, estudiante de San Fernando, escuela de medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, realizó un acto heroico que le costó la vida, al inocularse un brote de verruga, demostrando la conexión entre la llamada “Fiebre de la Oroya” y las erupciones verrucógenas que florecían en la piel de las personas que lograban vencer la infestación hemática con la bacteria Bartonella Baciliformis. El sacrifico de Carrión, ha marcado un camino de compromiso con la salud de la humanidad y en particular de los peruanos, que se ha convertido en fuente inspiración para médicos y todos las diversas profesiones y trabajadores que brindamos servicios de salud. Cada año, el día 5 de octubre es una oportunidad para recordar el sacrificio de Carrión, reconocer el valor de la labor del médico y otras profesiones de la salud y a la vez es una oportunidad para reflexionar sobre los avances logrados, así como los retos pendientes en la consecución del derecho a la salud para todos los peruanos.

 

Avances y retos en la salud pública:

En los últimos 40 años, el Perú ha tenido notables logros en materia de salud pública materno infantil:

El Perú, es el país que tuvo la mayor proporción en la reducción de la mortalidad en la niñez, en el contexto de las metas planteadas por los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se estima que hacia 1970 se producían 58,000 muertes anuales en menores de cinco años. Para el año 2018, se estima que el número de defunciones anuales en este grupo etario se redujo a 8,000. Esta es la mayor reducción entre los países del continente americano. Este logro obtenido en el marco de la Atención Primaria de la Salud, fue posible debido al desarrollo de políticas públicas sostenidas a lo largo del tiempo para que los niños accedan a intervenciones como las inmunizaciones, así como la prevención y atención de las enfermedades prevalentes de la infancia. No obstante, aún se mantienen retos debido a las grandes disparidades que afectan a niñas y niños de las áreas alto andinas e indígenas y sigue siendo un reto reducir los altos niveles de mortalidad neonatal, la que representa las dos terceras partes de las muertes infantiles.

En los últimos doce años, en el marco de la prioridad que asignó el país a la mejora de la nutrición infantil, el Perú tuvo una notable reducción de la desnutrición crónica (DC). La prevalencia de DC en menores de cinco años se redujo de 31% a 12% entre los años 2007 y el 2018, uno de los mayores niveles de reducción en el Mundo. La implementación de un paquete de intervenciones basados en evidencias, asegurados en su financiamiento por programas estratégicos presupuestales, es la principal explicación de esta reducción. No obstante, los avances producidos, la prevalencia de desnutrición crónica es tres veces superior entre los niños que habitan en áreas rurales en relación a los que viven en áreas urbanas.

Otro notable logro alcanzado en el contexto de las metas del milenio, ha sido la reducción de la mortalidad materna. La tasa de 256 muertes maternas por cada 100,000 nacidos vivos registrada en 1990, se redujo a 83 por 100,000 nacidos vivos para el año 2015. Esto fue posible gracias al incremento de la cobertura de atención del parto en establecimientos de salud, registrado en 93% para el año 2018. No obstante, aún se continúan presentado muertes maternas evitables, especialmente en áreas rurales e indígenas. En estos últimos ámbitos no más del 20% de los partos ocurren en establecimientos de salud.

 

Los principales retos en materia de salud pública están referidos a:

Reducir la creciente prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, asociadas a la epidemia de obesidad que afecta a todos los sectores de la población y que se incrementa aceleradamente entre los más pobres. Las enfermedades crónicas degenerativas, debido a su a su alto costo y requerimiento de servicios altamente especializados, será el principal reto para la salud de los peruanos en los próximos años. Para evitar que estos problemas alcancen un nivel incontrolable, se requiere fortalecer las acciones de promoción de la salud que permita que los ciudadanos tomen la responsabilidad y cuidado de su propia salud y nutrición, promoviendo una alimentación y estilos de vida saludable.

Se requiere fortalecer una política de acceso a medicamentos de calidad y de costo accesible para todos los peruanos. En el país el costo de los medicamentos es sumamente alto y la industria farmacéutica es una de las más rentables, a costa de mayores gastos de las personas, incluyendo los más pobres. No existe una clara política que permita el acceso a medicamentos genéricos de calidad y a costos accesibles.

No obstante, algunos progresos hechos evidentes durante los últimos años, la salud mental sigue teniendo escasa prioridad en el país. Sabemos de su carácter multisectorial, pero corresponde al sector salud una importante responsabilidad en la identificación y atención a los graves problemas de salud mental que afectan a nuestra sociedad, expresadas en la violencia en las calles y en especial la violencia contra mujeres y niños. Se requiere la participación de las escuelas en la promoción de la salud mental de los escolares y sus familias y de los municipios propiciando espacios públicos que permitan la expansión e integración de los ciudadanos de sus localidades.

Si bien es cierto, la creciente prevalencia del embrazo en adolescente no es esencialmente un problema en el que el sector de la salud, tenga una responsabilidad preminente, si es importante fortalecer las acciones sectoriales, que permiten mejorar el acceso a servicios de educación y promoción de la educación sexual en este grupo etario, así como el acceso a métodos anticonceptivos. Un rol central lo tiene el sector educación, así como otras instituciones responsables en generar oportunidades para que los adolescentes desarrollen sus habilidades sociales y construyan un proyecto de vida que permita postergar el inicio de su vida reproductiva.

Si bien es cierto la reducción de la anemia es un saldo pendiente, el país y en particular el sector salud no debe “anemizar” (considerarla como la más importante prioridad) las prioridades de salud pública. La experiencia internacional nos muestra que, siendo la anemia un problema de carácter multisectorial, esta se reduce en largos periodos de tiempo. Por otro lado, es necesario que el país y especialmente las autoridades de salud y la academia, revisen la real naturaleza del problema. Últimas investigaciones académicas muestran que existirían problemas en el diagnóstico y valoración de la anemia nutricional, que estaría sobreestimando la prevalencia de anemia que registra oficialmente el país.

 

En materia de salud individual, el país también ha tenido algunos avances significativos:

El Seguro Integral de Salud, ha contribuido a incrementar el acceso a los servicios de salud para la población, en especial para grupos como el materno infantil, adolescentes y poblaciones con menores niveles de ingreso. Se estima que el 75% de la población peruana cuenta con un seguro de salud, el 70% de ellos están afiliados a ESSALUD y al Seguro integral de Salud de tipo subsidiado que ofrece el estado peruano. Ello además de contribuir a incrementar la cobertura de atención, ha posibilitado la reducción del gasto de bolsillo en las familias. Sin embargo, el estar afiliado a un seguro no significa hacer uso del servicio, debido a la limitada oferta de servicios, especialmente especializados, la baja capacidad resolutiva de los servicios al interior del país, y problemas de gestión, que provoca demoras y mala calidad de atención, que obliga al uso de servicios privados. Lamentablemente, aun en el Perú para acceder a un servicio de salud oportuno y de calidad, se requiere contar con un nivel de ingresos personales que permita pagar servicios o seguros privados, de alto costo, especialmente para la población de menores recursos. Esto genera grandes inequidades en el acceso a la salud, en función de los ingresos económicos de los individuos, lo que plantea la necesidad de revisar el modelo prestacional que se desarrolla en el país.

En los últimos años, se ha fortalecido la participación del sector privado en la prestación de servicios de salud. Es necesario evitar el monopolio y la integración vertical entre las empresas que laboran en el tema financiero y las empresas prestadoras, lo que limitara las posibilidades de incrementar los costos para los usuarios. Es también prioritario que los paquetes prestacionales que ofrecen las aseguradoras, así el que como las empresas prestadoras brinden servicios preventivos-promocionales de la salud.

Como parte del ajuste al modelo prestacional, es necesario replantear las prioridades en el tipo de infraestructura, equipamiento y organización de los servicios de salud. Hemos tenido un modelo basado en la construcción de grandes hospitales, que hoy se muestran ineficientes y de alto costo. Se requiere establecimientos más pequeños y funcionales, con capacidad resolutiva especializada, ubicados estratégicamente y que funcionen en red con otros establecimientos de su jurisdicción y por niveles de complejidad. Complementariamente se requiere desarrollar nuevas modalidades de atención, móviles, que logre acercar capacidad resolutiva, incluyendo la disponibilidad de recursos humanos especializados para la atención a comunidades dispersas y alejadas. Ello tiene como condición el desarrollo de una política de estímulos materiales y no materiales para el personal de salud, incluyendo médicos especialistas.

Otro aspecto crítico es adecuar las políticas, normas técnicas y la organización de los servicios de salud, al contexto de las comunidades indígenas y otras culturalmente diferenciadas. El Perú es un país multiétnico y pluricultural. Las percepciones y prácticas sobre la salud están condicionadas por la cultura. En el Perú todavía se desarrollan políticas, normas e intervenciones de salud, con una mirada centralista, capitalina y alejada de las realidades locales y a sus particularidades culturales. El adecuar las políticas y modalidades de atención de la salud a la diversidad cultural y a las realidades locales, posibilitará intervenciones de salud más eficientes y sostenibles.

Para tener una población más saludable, es necesario una participación activa de las personas. El autocuidado de la salud, es fundamental para tener una corresponsabilidad entre la oferta y la demanda de servicios de salud. Ello requiere fortalecer las políticas e intervenciones para la prevención y promoción, así como desarrollar procesos de participación ciudadana, en el contexto de las nuevas realidades sociales y económicas. La participación de la ciudadanía no solo debe desarrollarse en su condición de demandante de servicios y en las mejoras de sus estilos de vida, sino en la vigilancia de la gestión de la salud. Es para ello necesario contar con información y estadísticas vitales y relativas a la gestión. Un tema central es que la información que generan los servicios de salud, pueda ser sistematizada y estar disponibles en los diversos niveles de gestión, para tomar monitorear el progreso en los indicadores y tomar decisiones eficientes y oportunas.

 

Octubre de 2019

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